Con los clavos que le había prestado Antonio Reina. Así fue como ganó David Bustos el 1.500 en el inolvidable Campeonato Iberoamericano de San Fernando 2010. 

De esta manera David (como luego nos contará) demostró que uno se puede adaptar a todo. Y por eso su victoria fue uno de los momentos mágicos de un campeonato en el que España consiguió 32 medallas (12 de hombres y 20 de mujeres). 

Algunas de ellas cargadas de máxima emoción como la de Mercedes Chilla en jabalina porque ganó en su tierra. O la  de Rosa Morato en los 3.000 obstáculos. O la de Lamdassem en los 5.000 metros por no hablar de las de Ruth Beitia y Javier Bermejo en altura, Judith Pla en 5.000… 

En fin, fueron tantas. Fueron tantos los momentos en San Fernando. Fueron, en definitiva, 11 medallas de oro las que logró una selección española que mostró un nivel muy alto en un Campeonato en el que participaron 29 países. 

No era fácil, pero España volvió a estar ahí. Y cargó las baterías para el Europeo de Barcelona 2010 que se iba a celebrar mes y medio después y en el que nuestros atletas obtuvieron seis medallas (dos oros, dos platas y dos bronces). 

Ahora, dejamos que sean cuatro atletas de aquel campeonato (Mercedes Chilla, Reyes Estévez, David Bustos y Javier Bermejo) quienes nos confiesen sus recuerdos de un campeonato que cada vez nos queda más atrás en el recuerdo. El próximo mes de junio se cumplirán 12 años. 

“Se lo pude dedicar a la familia y a los amigos” (Mercedes Chilla)

“Estaba nerviosa. Jugaba en casa. Mi familia estaba en la grada. Pero ese año estaba fuerte y salió muy bien”, explica Mercedes Chilla a los 42 años al recordar el Campeonato Iberoamericano de 2020 en San Fernando: su tierra. “Me sentía muy concentrada en la soledad del gimnasio de la instalación en el calentamiento. Me dije, ‘trata de hacerlo como sabes’ y lo hice. Siempre tienes la duda porque es la competición la que luego te coloca en tu sitio. Entrenando siempre he lanzado menos que compitiendo”.

Mercedes batió ese mismo año el récord de España (64,07) en Valencia en una Liga de clubes. “Estaba muy bien físicamente. Lanzaba por encima de 60 metros”. Pero ella (que ya había participado en dos JJOO Atenas 2004 y Pekin 2008) recuerda que “la jabalina siempre es complicada. Cuando sale de tu mano queda a merced del viento. Es una prueba muy técnica y complicada”.

A su lado, Mercedes Chilla ha estado más de 25 años y, entre los recuerdos, San Fernando 2010 ocupa un lugar especial. “Fue un lujo. Se lo pude ofrecer a mi familia y a mis amigos. Esa satisfacción no tiene precio. Hay cosas en la vida que están por encima del resultado”.

Actualmente, vive en Jerez. Es empresaria y da clases y siempre habla de la fuerza de voluntad: “Me rompí el hombro en 2015. Ángel Basas, mi fisioterapeuta, me dijo que tal vez no volvería a lanzar. Pero pude volver y para mí fue como un regalo. Fue como disfrutar sin presión”.  

“Escuchar el himno de España en casa es muy, muy grande” (Javier Bermejo)

“Fue un gran campeonato a nivel organizativo. Escuchar el himno español en casa es de lo más grande que le puede pasar a un atleta”, explica Javier Bermejo, que logró el oro en el salto de altura en el Iberoamericano 2010 con una marca de 2,24 metros. “Hice un buen concurso. Llegué a intentar 2,30. Tenía una gran motivación”, añade Bermejo, un atleta que fue a dos JJOO (Atenas 2004 y Pekín 2008).

“Acabé muy contento con mi carrera. Creo que lo di todo y que saqué más rendimiento a mi físico de lo que realmente tenía. Llegué a saltar dos veces 2,28 metros”, añade Javier Bermejo, que actualmente vive en Puertollano y se dedica a la empresa de organización de eventos y gestión deportiva que montó en 2005 y asegura que está contento, le va bien.

Bermejo, de 43 años, pasó por todos los cajones del podio en los Campeonatos Iberoamericanos. “En Lisboa 98 con 2,20 fui segundo y en Guatemala 2002 quedé tercero con 2,22”. Pero nada fue comparable a lo que vivió en San Fernando 2010. “Sobre todo, recuerdo el ambiente. Muy similar a los Juegos del Mediterráneo. Todo San Fernando se volcó con el campeonato. El estadio estaba lleno. Subí al podio y escuché el himno. Y, claro, me emocioné. Sí es verdad que, a partir del Iberoamericano, mi estado de forma bajó sin saber por qué y en el Europeo Barcelona 2010 salté 2,15. Perdí una oportunidad de medalla y me costó aceptarlo”.

“Pude dedicarle el campeonato a mi abuelo” (David Bustos)

“Murió mi abuelo estando yo en San Fernando. Pude dedicarle ese campeonato. Cuando me fui ya sabía que estaba mal. Me despedí de él y le dije que intentaría dedicarle la victoria en el 1.500. Y gané. Y lo hice en una carrera en la que, a falta de 300 o 400 metros, empecé a remontar. Salí conservador. Quizá porque iba con la mente pensando en otras cosas y dejé hacer a los demás. Y luego rematé en la última recta”.

Así lo explica David Bustos, que hoy tiene 31 años. “En ese Iberoamericano recuerdo que cuando iba a competir, me di cuenta de que se me habían olvidado los clavos y se los pedí prestados a Antonio Reina. Cuando se los devolví le dije ‘te los he dejado rápidos’”.

“Es una medalla a la que le tengo mucho cariño. Pero han pasado casi 12 años. Ya me he hecho mayor”, bromea David Bustos, que vive en Torrelavega donde trabaja de policía tras aprobar las oposiciones. “En 2020 dejé de correr para preparar la oposición al cien por cien. Y ahora, que he vuelto a empezar a trabajar, quiero volver a entrenar y ver hasta donde puedo llegar y, como mínimo, quiero hacer alguna mínima para un campeonato de España. Tengo esa tranquilidad tras aprobar las oposiciones que antes no tenía y quién sabe lo que puedo hacer”.

“Pegué un cambio muy fuerte a falta de 250 metros y…” (Reyes Estévez)

“Pegué un cambio brusco a falta de 250 metros y me equivoqué. Llegué sin fuerza al último 50 y se lo puse en bandeja a mi rival”, recuerda Reyes Estévez, que en aquel Iberoamericano corrió el 3.000 y sucumbió por tres centésimas ante el brasileño Leandro Prates (8’15”55). “Llevaba una semana de carga pues estaba en plena preparación para el Europeo de Barcelona que era dentro de mes y medio. Y de ahí que compitiese en el 3.000, en vez del 1.500, porque mi entrenador creyó que era lo más oportuno”.

A pesar de no vencer, Reyes Estévez tiene un buen recuerdo de ese campeonato, “entre otras razones porque quiero mucho a Andalucía, una tierra que me hace recordar el Mundial de Sevilla 99, donde seguramente hice la carrera de mi vida con esa medalla de bronce. Sólo hay que ver los nombres de los dos atletas que me ganaron (El Guerropuj y Ngeny). Pero aun así el recuerdo es fantástico”. Once años después, Reyes compitió en San Fernando donde siempre recordará “las gradas llenas de público (igualito que ahora con las restricciones que nos ha obligado la pandemia). No gané pero fue un lujo estar ahí, luchar hasta el final por la victoria de un campeonato que siempre es importante para España”, añade hoy, a los 45 años, Reyes Estévez, que sigue mostrando un muy buen nivel de forma.