Por: Alfredo Varona

Y acabó en el balcón del Ayuntamiento de Lepe: su pueblo. Y luego al polideportivo se le puso su nombre: José  Manuel Cortés (1’46”51).

Y todo por ganar en el apretado final del 800 a Salvador Crespo por 27 centésimas.  

Pero hasta ahí llegó la trascendencia del Iberoamericano.

 Un gran campeonato que fue algo más que el sueño de una noche de verano en el mes de agosto de 2004.

Fue uno de los momentos más brillantes del atletismo español que, en la recién inaugurada pista del estadio Iberoamericano de Huelva, lideró el medallero con 38 medallas (16 de oro) con autoridad.  

Nadie pudo hacer frente a España. Ni Cuba con 22 metales (14 de oro) ni Brasil con 23 (6 de oro).

Así que fue un campeonato memorable para el atletismo español una semana antes de iniciarse los JJOO de Atenas 2004  donde íbamos a vivir las medallas de Joan Lino en longitud y Manolo Martínez en peso.

Precisamente, los dos estuvieron en Huelva y ganaron con claridad en sus disciplinas: Joan Lino en longitud (8,26 metros) y Manolo Martínez en peso (20,59 metros). Las perspectivas no podían ser mejores.

En realidad, Huelva nos dejó más momentos irrepetibles con triunfos como los de Sergio Gallardo o Irene Alfonso en 1.500; Jesús España en 5.000;  Mario Pestano en disco; Iván Rodríguez en 400 vallas; Naroa Aguirre en pértiga, la propia María Peinado en heptatlón… La lista fue larga, brillante, obediente con las ambiciones del equipo español que en aquellos dos días de agosto (6/8 agosto) se sintió como pez en el agua.

Y los nombres que esta vez nos van a relatar como fue aquel campeonato son José Manuel Cortés y María Peinado. 

«He visto mi carrera unas 1.500 veces» (José Manuel Cortés)

«Tuve la oportunidad. Había sido segundo bajando de 1,48 en el Campeonato de España por detrás de Antonio Reina y me gané la plaza para el Iberoamericano en Huelva, en mi tierra. Y fue algo inolvidable porque no se volvió a repetir. Y mira que he estado en campeonatos del mundo junior y universiadas. Pero jamás volví a correr así delante de mi gente, a ganar y hacer marca. Y, al ser de casa y obtener tan buen resultado, creo que ayudé a que se potenciase el atletismo en la provincia«, recuerda José Manuel Cortés, que entonces tenía 22 años y toda la vida deportiva por delante.

«No cambio esa experiencia por nada en el mundo. Cada vez que voy al estadio aún se me ponen los pelos de punta. Y mira que estaba enrabietado por haberme quedado fuera de ir a los JJOO de Atenas 2004 por tan sólo 50 centésimas y cuatro años después volvió a pasarme lo mismo en Pekín. Pero ya no tiene sentido arrepentirse de nada», insiste Cortés, que hoy vive en Lepe (Huelva), cerca del mar, y trabaja desde casa para el departamento de RRHH de una empresa deportiva. «Estoy en contacto con personas a las que le gusta mucho correr, y eso me satisface». 

Cortés vuelve a recordar el Iberoamericano: «Pasó todo muy rápido. Tengo la carrera en vídeo. Pero quizá el mejor recuerdo son los días previos. Parecía que se celebraba el Mundial en Huelva. Se prepararon autobuses desde el pueblo para ir al estadio. Y en el post carrera subí hasta el balcón del Ayuntamiento de mi pueblo y al polideportivo, que hoy tiene una pista de atletismo, se le puso mi nombre«. 

José Manuel Cortés recuerda que «ahora tenemos a Laura García-Caro, que es nuestra gran representante y que ha logrado grandes resultados. Pero parece que el mío en el Iberoamericano fue el más inesperado de todos y el más celebrado. La gente se sintió muy identificada conmigo y en el pueblo casi que se dio mas valor al atletismo que al fútbol. Y de veras que mi carrera en el Iberoamericano influyó mucho. Fue impresionante. Hay gente que me decía, ‘yo lo veía venir porque te veía entrenar desde pequeño’, pero nunca es fácil«.

Han pasado casi dos décadas. «La edad hace estragos», admite Cortés. «Tengo 38 años. Todavía intento competir. La pista me gusta mucho y espero correr algún 1.500 este año. El 800 me cuesta más.  Ya no domino esos ritmos y me lesiono fácil con esos ritmos. Por eso me dedico al 1.500 desde 2010. De hecho, en 2018 en el Mundial Master en Málaga me animé y gané el campeonato en 1.500 y me reenganché a la pista. Y esto me vale para estar en contacto con la gente que ha formado parte de mi vida«, argumenta Cortés, que ha llegado a correr también el maratón de Sevilla en 2 horas y 38 minutos «sin prepararlo como preparaba la pista. El objetivo principal era acabarlo«. 

Padre de una hija de tres años, «que tarde o temprano verá mi carrera en el Iberoamericano 2004«, Cortés admite:  «Yo la he visto más de 1.500 veces. Cada año me gusta verla y en su aniversario siempre la celebro con un entrenamiento fuerte en la pista como homenaje. Y, aunque cada vez cuesta más, tarde o temprano quiero volver a correr un 800 como el de entonces«. 

La diferencia es que entonces hizo 1’46’51. «Cuatro años después bajé una centésima en Jerez en 2008«. Fueron buenos años. «Me dediqué en cuerpo y alma. Estuve unos años en Madrid en la Blume con Arturo Martín. Viví los mejores años de Arturo Casado que me llenaron mucho. Y para mí fue una gran experiencia. Aprendí mucho de entreno y, sobre todo, conocí personas que me dejaron marcadas para siempre. Y siempre que las veo o vienen por aquí trato de quedar con ellas. Incluso, conocí a mi mujer gracias al atletismo. Llevamos doce años casado. Se llama Raquel Vicente y fue internacional en marcha en categorías inferiores y ahora es una runner más«. 

«Mi familia y mis amigas estaban en la grada» (María Peinado) 

Las emociones, en este caso, dejaron un sabor agridulce. María Peinado ganó el heptatlón con 5.795 puntos. La segunda clasificada, la venezolana Solsireé Rivas quedó muy lejos con 5.529 puntos. Sin embargo, una vez terminada la prueba, la fotografía de María no era completamente feliz. Su actuación no fue suficiente para clasificarse para los JJOO de Atenas que era su gran sueño. «Tenía 27 años y era el momento idóneo», recuerda hoy desde su domicilio en Valencia. «Me había ilusionado mucho. Había trabajado mucho para lograrlo. Por eso me costó tanto aceptarlo. Los JJOO ya estaban a la vuelta de la esquina«. 

Pero hoy, pasados 18 años, la jienense María Peinado admite que aquel Iberoamericano de Huelva tuvo algo especial. «Lo recuerdo con cariño, sí. Lo preparé a conciencia porque era muy cerca de mi casa y, como he dicho antes, era  puntuable para los JJOO. Así que no podía tener más motivación. Me acuerdo que tuve a mi familia y a mi grupo de amigas en la grada. Eso es algo que a los atletas nos suceden muy pocas veces en la vida. Pero como Huelva quedaba cerca de Jaén esta vez sí fue posible para mí«. 

Sin apenas oposición, María admite que hizo un buen campeonato. «No memorizo ya todos los detalles. Pero creo recordar que fui muy regular en todas las pruebas, desde el principio. Eso es fundamental en las combinadas. Necesitas empezar con buen pie para ganar confianza y yo lo hice en las vallas. Después, como hice siempre a lo largo de toda mi vida deportiva, fui prueba a prueba. Y el resultado fue bueno porque conseguí la victoria en un campeonato de prestigio en la que recuerdo que la fiesta de clausura fue muy bonita y emotiva«. 

«Fueron días muy bonitos. Sobre todo, de mucha motivación«, añade María Peinado, que recuerda que, al finalizar su participación, vivió «una bajada de tensión por todo el estrés que yo misma me había generado. Pero es que la élite es así». Y María fue, por encima de todo, una gran competidora. La prueba más directa es que fue trece veces campeona de España y que hasta 2018 tuvo el récord nacional de heptatlón (5.860 puntos).

Se retiró hace diez años, en 2012, sin nada que reprocharse. Se lo había dejado todo en la pista. No se la podía pedir más. Nos hizo vibrar a todos los que amamos este deporte. Superó una hernia discal y fue 25 veces internacional con el uniforme de la selección española. Y siempre, siempre, dejó el listón muy alto como ocurrió en aquellos días en Huelva en el inolvidable Campeonato Iberoamericano de 2004.